el ocaso de las ciudades
Hasta los huesos se helaron como al sumergirse en un lago del sur, todo por dentro se paralizo, mis ojos se abrieron para apreciar la profundidad de tu mirada que refleja tu adentro. Mi entraña se estremeció por el golpe, sentí el cimbronazo y no escape; me aferre y vislumbré en tu vida una semilla germinando.
Leí con el rabillo del ojo, entre sombras, que el barco dio con tierra y encontró al mundo. Con sus crímenes, castigos, ley y trampa.
Los astros chocaron y rebobinaron al infinito me encontré desnudo en un vientre…
ansioso, perdido. Entre fluidos viscosos, pude ver la luz… renací.
Encontré chatarra. Estructuras sin vida y me vi solo en el frió… vomite todos los años de oficina en este mundo cibernético y maquinario.
Un pibito atrevido sonrío y con una voz alquitranada me dijo:
“no se usa mas comer / no se usa mas dormir / no se usa mas llorar”.
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